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SUFRIMIENTO Y JUICIO

Estudio del texto básico

En estos pasajes tenemos un drama, el drama del “Día del Señor”. En ese día habrá juicio sobre todos, aun sobre la creación. Habrá castigo y maldición para la gente que rechazó al Señor y quebrantó su ley. Pero habrá afirmación y bendición para los justos y los que habrán seguido al Señor obedeciendo sus mandatos. Es el día de Dios, el día de su juicio y de la aplicación de su

justi­cia.


1 El juicio de Dios sobre el mundo, Isaías 24:1-4.

V. 1. El tema de todo el capítulo es el juicio de Dios sobre la tierra. La palabra tierra se menciona 16 veces en este capítulo. Se describe una devastación mundial. Este versículo indica cómo el juicio de Dios va a afectar el orden físi­co, devastará y arrasará son dos verbos que ilustran los efectos de la ira de Dios. Jehovah es el que aplica su juicio a las naciones debido a los actos de

rebeldía e idolatría. Trastornará su superficie, seguramente se refiere a los terremotos que alteran la superficie de la tierra. No es que cada terremoto sea por el juicio de Dios, pero se demuestra que Dios usa aun los elementos de la naturaleza para

aplicar su juicio.


V. 2. Ni los de la alta sociedad ni los humildes pueden escapar del juicio de Dios. Este versículo señala cómo en aquel día de juicio será afectado el orden social. El juicio de Dios cae sobre cada nivel social y cada clase de per­sona. Se nota que la sociedad ya no es solamente agrícola, sino que ya hay vida comercial en el pueblo.


Vv. 3, 4. Aquí se describe un juicio cósmico. La población del mundo va a ser reducida. Es como si la tierra volviera a su estado antes de la creación descrito en Génesis 1:2. El anuncio cobra aún más importancia por la afirma­ción: Jehovah ha pronunciado esta palabra. Tal como Dios creó al mundo por su Palabra, puede destruirlo por su Palabra. Si la tierra, elemento impersonal, está de dueloal sentir los efectos del juicio de Dios, cuánto más sus rebeldes habitantes van a sufrir las consecuencias.


2 La culpabilidad del pueblo, Isaías 24:5-8.

V. 5. La tierra sufre por los pecados de sus habitantes. Han transgredido la Ley de Dios. Han falseado el derecho en los tribunales. Pero lo más asombroso es que quebrantaron el pacto eterno. Muchos interpretes piensan que esto se refiere al pacto hecho con toda la humanidad en los días de Noé (Gén. 9:16).

Al ver la tierra contaminada de nuevo tal como fue en los días de Noé, el pro­ feta piensa en la posibilidad de un nuevo diluvio (Isa. 24:18; 26:20). Es impor­tante notar que Dios no es caprichoso. La culpa no la tiene la naturaleza; es el ser humano quien ha contaminado la tierra. Desobedecieron leyes elementales de una sociedad organizada, no han administrado justicia en los tribunales y han quebrantado el pacto universal.


V. 6. Noten que el versículo empieza con las palabras por esta causa; la causa de la destrucción tan terrible es el pecado del pueblo. Es cosa horrible estar bajo el juicio de Dios. El alcohol, la violencia, la guerra y muchas cosas son verdaderas maldiciones que destruyen la tierra y al hombre por su propia culpa. Una maldición ha devorado la tierra, describe en forma gráfica el per­cance que ha caído sobre la tierra que fue prometida a Abraham y a sus descendientes.


Vv. 7, 8. Estos versículos anuncian que durante una época de juicio y desastre no hay ocasión para alegría y fiestas. Es tan hermoso ver a la gente reír y tan triste verles llorar, pero el pecado trae mucha tristeza al pecador y al que sufre a causa del pecado. Las fiestas relacionadas con las cosechas en Israel eran tiempos de alegría. La música formaba parte de las fiestas como puede indicarse por los instrumentos mencionados. Aun hoy en Israel se puede ver cuán importante es la música en sus festivales, en los que se usan estos mismos instrumentos. Pero en aquel día de juicio descrito por el profe­ta, las vides se han secado y no hay vino. Los elementos de la fiesta, la buena bebida y la buena música, han desaparecido y el pueblo desobediente a su Dios es el culpable.


3 El castigo de Dios, Isaías 24:21-23.

V. 21. El Rey de reyes es el Señor de la tierra y sus habitantes y también de las huestes celestiales. Dios castigará tanto a los seres espirituales que le des­obedezcan como a los humanos. Las naciones que rodeaban al pueblo de Dios no tenían una idea tan grande de la esfera de soberanía de sus dioses, fueran dioses de tribus o territorios. El Dios de Israel es Rey de reyes y Señor de señores y cada ser del universo que desobedezca tendrá que responder por sus hechos.


V. 22. Ellos, se refiere a los reyes que van a sufrir el mismo trato que cual­quier preso común tiene que soportar. La mazmorra podría ser un calabozo subterráneo del cual era muy difícil escapar. Allí quedarán encerrados bajo la vigilancia de los conquistadores. El castigo podía consistir en torturas, ais­lamiento, actos vergonzosos delante de otros y aun llegar a la pena capital.


V. 23. De nuevo la Biblia demuestra que ni el sol ni la luna son dioses, sino lumbreras creadas por Dios y sujetas completamente al dominio del Señor.

Tan grande es la turbación ante el juicio y castigo de Dios que la luna y el sol muestran dolor por la tragedia. Jehovah de los Ejércitos es el término que comunica el poder sobrenatural de Dios. En aquel día (v. 21), el fin será glo­ria total del Rey. El brillo de la luna y el sol queda opacado por la brillantez de la luz de su Creador, por el Rey que reina en toda su magnificencia.


4 Cánticos de fe de los que confían en Dios, Isaías 26:1-4.

V. 1. Este versículo constituye la primera parte de un himno de alabanza, con­siderado como un salmo procesional para entrar en Jerusalén, la ciudad fuerte.

Tenemos una ciudad fortificada,se refiere al muro que rodeaba la ciudad. Era seguridad para los habitantes, porque desde sus torres los atalayas vigilaban para anunciar cualquier amenaza. La seguridad del pueblo de Dios está basa­ da en el poder de su Dios, Dios ha puesto la salvación. Salvación en sus raíces más profundas significa salud. Salud para el pueblo en todos sus aspectos trascendentes es lo que Dios ha puesto.


V. 2. Isaías percibió y anunció que llegaría el tiempo cuando el pueblo de Dios estaría viviendo gozosamente por haber vencido a sus enemigos. Un día, ese pueblo renovado por su Dios, sería fiel: que guarda la fidelidad. Entonces el grito de victoria será: Abrid las puertas. Se refiere a las puertas que tenían los muros que rodeaban la ciudad, que garantizaban protección y seguridad para el pueblo, y ahora esas puertas serán abiertas, porque el peligro de los enemigos ha pasado y por ellas entrará la nación justa. La transformación y el tiempo pertenecen a Dios, así lo declara el v. 15: “Tú has engrandecido la nación, oh Jehovah.” Nación justa es aquella que mantiene una relación ade­cuada con Dios. Una buena relación con Dios trae como consecuencia natural una buena relación con los demás.


V. 3. Aquí hay una de las más grandes afirmaciones de fe en la Biblia. Es la idea de apoyarse, de descansar en los brazos del Señor. Es el único camino a la perfecta paz. Solamente la bondad de Dios puede darnos paz perfecta: el esfuerzo humano no puede conseguirla nunca. El creyente que confía plena­ mente en su Dios, y cuyo pensamiento en él persevera experimentará esta completa paz.


V. 4. Isaías invita a las personas a confiar en Dios aun en los momentos más difíciles porque Jehovah es la Roca de la eternidad. No hay nada fabri­cado por manos humanas que dure para siempre. Solamente Cristo puede prometer que a la persona que acude a él como Salvador nunca la echará fuera (Juan 6:37). Roca de la eternidades una poderosa expresión para afirmar la fuerza, divinidad y fidelidad de Dios. Esas características de Dios constituyen la base sólida de nuestra confianza.

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